jueves, 19 de febrero de 2009

El rezo al agua


Una gota de sudor me recorre la espalda y me hace cosquillas... y otra mas.

Voy caminando con el sol que se me subió a upa, me abraza y no me suelta. Puedo sentir mi respiración, cada vez mas fuerte,me empiezo a desesperar, parecería como si la tierra se hubiese tragado hasta el aire. No hay ni una pizca de brisa. No hay gente por la calle, parece un desierto de cemento.

Cierro los ojos e imagino un lago helado y yo sumergida, no siento frío, soy parte de él, una parte mas en perfecta armonía fusionada con el agua. Y me muevo completamente plena, nadando desnuda, desde el fondo hasta la superficie, jugando con las sensaciones que brotan en mi cuerpo, el agua me acaricia toda, me besa entera.

Elijo por hoy quedarme ahí, hasta que decida que me cansé de nadar y tenga el cuerpo tan arrugado como una pasa de uva. Vuelvo nadando en el tren, por la calle, y sigo nadando en el piso 14 de un edificio sobre Monroe. Dudo que me canse de nadar

1 comentario:

Anónimo dijo...

Disculpame la intromisión, pero casualmente pasé por acá y me atrapó lo que escribís. Me suele agotar el surfear por infinidad de blogs que existen completamente al pedo que consiguen 30 comentarios por haber puesto un link y dos frases boludas y triviales que no le importan a nadie.
Te comento que el permanecer sumergido en un lago helado puede parecer un buen escape (y la muerte hipotérmica siempre es atractiva), pero desgraciadamente siempre llega un momento en el que estás obligado a dejar de nadar y salir del agua, donde te espera el espanto de la realidad. Mmmmm... ¿a qué venía esto?... No sé, te mando un saludo. :)